El
bandolerismo andaluz
Hace ya muchos años vino a caer
en mis manos un libro escrito por Bernaldo de Quirós y
Luis Ardila -"El bandolerismo andaluz"-, en el que se
recogen las hazañas de los más famosos bandoleros
andaluces, desde el gran Diego Corrientes y el no menos grande
José María el Tempranillo, "Rey de Sierra
Morena", o los Siete Niños de Écija -que al
parecer ni fueron siete, ni tampoco eran tan niños y ni
siquiera todos de Écija-, y la famosa Cuadrilla de
Montellano…, hasta acabar con Pasos Largos, último
de los bandoleros a quien los autores del libro, escrito hacia
1931, incluían en la larga nómina de bandidos
románticos andaluces.
 Pudiera ser que el prototipo de bandolero
romántico -el que repartía entre los pobres lo
que robaba a los ricos- no sea más que una
creación de aquellos viajeros extranjeros -sobre todo
ingleses- que durante el siglo XIX se adentraron por lo
más intrincado de Andalucía a la búsqueda
de un edén, en gran parte me temo que imaginario,
repleto de tipos pintorescos: gitanos, toreros, mujeres
fatales… y bandidos románticos, encarnación
viva del Robbin Hood británico. Pudiera ser. Pero
también podría ser esta clase de bandolerismo una
realidad endémica andaluza, tal y como
defendían los autores del libro.
Alentado por la lectura de tan singular
obra, y con la audacia de los pocos años, me
adentré, mochila al hombro y lápiz en ristre, por
los por entonces ignotos caminos de la Sierra de Grazalema a la
búsqueda de los últimos bandoleros, o al menos de
cualquier noticia inédita que pudiera recabar sobre
ellos. En las proximidades de Zahara de la Sierra, cerca del
puente que cruzaba el río Guadalete, donde hoy se
encuentra la presa del pantano -puente que, por cierto, fue
desmontado piedra a piedra y, debidamente numeradas, trasladado
a algún lugar incógnito (seguro que ni el mismo
Tempranillo llegó ni siquiera a imaginar un golpe
semejante)-, pues en este lugar, decía, di con un
anciano que caminaba tirando de un burro y que al conocer el
objeto de mis indagaciones me dijo:
-Mire usted, es verdad que por
aquí siempre ha habido muchos bandoleros. Pero me temo
que ya no los va a encontrar por estos montes, porque un buen
día se fueron a los pueblos, se metieron en sus
ayuntamientos… y de allí me parece que ya no hay
quien los eche.
Esbocé una sonrisa de pretendida
complicidad, pero la seriedad de su semblante me hizo sospechar
que el viejo no ironizaba precisamente.
Han pasado los años, y sucesos
como los de Marbella y otras poblaciones andaluzas me han
traído a la memoria las palabras de aquel anciano de
Zahara, y he caído en la cuenta de que el bandolerismo
andaluz no ha desaparecido sino que simplemente se ha
transformado. Antes andaban los bandidos a caballo por los
montes y ahora andan en coches de gran cilindrada, muchas veces
oficiales, y por los laberintos burocráticos de las
concejalías de urbanismo, robándonos a todos lo
que luego reparten entre "sus" pobres, para crear,
como antaño, toda una red de complicidades. Sólo
faltaban los amoríos de una famosa tonadillera para
acabar de pintar un cuadro costumbrista de lo más
romántico.
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